10. De obra, pensamiento y omisión

En algunas iglesias se menciona esta frase como la manera de referirse a las clases de pecado que existen. En buena medida hay tino en esta aseveración. Pero quizá podamos aclarar un poco algunos puntos relacionados con estas tres maneras de caer en pecado.

Hace unos días tuve la oprotunidad de predicar en una iglesia presbiteriana en Puebla, México y comentábamos precisamente acerca del punto exacto en el que se lleva a cabo el pecado de los seres humanos. Lo primero que hemos de hacer es determinar que es nuestra mente la que convive con la parte espiritual de nuestro ser y también con la parte material. Es en la mente donde se genera una suerte de enlace entre ambos territorio de convivencia de nuestro ser. Entonces la mente es el sitio ideal para que el mundo de lo espiritual tenga ingerencia en nuestro mundo físico.

Hay muchas personas que opinan, en una postura demasiado simplista, que el ser humano sólo puede considerar existente aquello que puede experimentar con los sentidos o aquello cuyos efectos pueden ser medidos. Esto es demasiado simple a la luz de las Escrituras. Hay una existencia que no es posible medir y menos aún captar con los sentidos, y esto no le quita reelevancia en nuestra vida y menos aún importancia. En mundo de lo espiritual está ahí e inclusive llegado el momento es posible valorar algunos de los efectos de su influencia, pero uno de sus efectos más trascendentes, el PECADO, aún no se puede medir más que a la luz de las Escrituras y de una postura de fe.

Que no creamos que existe pecada en tal o cual acción o pensamiento, no impide su existencia. La falta de fe es pecado en sí. La fe se mueve en el territorio de lo mental y según lo que se describe en la Biblia en el siguiente pasaje, el pecado es un asunto mental. Grave y muy trascendente. Leamos:

SAN MATEO 15:19 (RVR60)

"Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias."

En este texto el corazón, la mente misma del ser humano, su centro de control, el punto exacto en el que obtenemos concencia, el enlace entre lo espiritual y lo físico, es el sitio donde se aloja el pecado y toda su trascendental ofensa a Dios.

A cuidar entonces esa mente, porque cuando uno llega a cometar un pecado de acción o de omisión, sin duda alguna el pecado YA ha sido comentido en la mente y eso no significa que haya menor importancia en sus consecuencias espirituales. Mente sana, acciones sanas.

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