4. ¿Qué tan importantes somos para Dios?

La importancia y la reelevancia del ser humano para los planes de Dios es grande, pero todo tiene sus límites, no lo olvidemos. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre. Este viejo dicho está lleno de razón en lo referente a que nuestra importancia para Dios es mayúscula, pero nunca pasará sobre su justicia para atender nuestras necesidades. Aclaremos esto.

Como seres humanos, comparados con Dios no somos nada. Pero en su mente y en la escencia misma de su ser, nuestra existencia es reelevante al grado de que ha entregado a su propio Hijo Jesucristo en sacrificio para rescatarnos de la muerte espiritual. La muerte espiritual es el estado del alma sin Dios. Es la peor circunstancia en la que existe un alma. Un alma está diseñada para sustentarse de la vida que emana de Dios, estar sin esa conexión vital es la muerte, la desesperanza, la tortura, la más profunda de las tristezas; estar sin Dios es literalmente un infierno para cualquier alma. La necesidad entonces que tenemos de Dios, es una necesidad de primera importancia para la existencia humana, es por eso que Dios se compadece de nosotros y nos otorga, como un regalo del cielo, a un redentor para que expíe nuestro pecado con su muerte. Esto es lo que hizo Cristo, eso es lo que significa su sacrificio en la cruz.

Pero date cuenta de algo: Dios pudo haberse hecho de la vista gorda, mirar para otro lado y olvidarse de que estábamos pecando contra Él. Pero no lo hizo. Sus instrucciones desde el principio fueron que el pecado contra Él se pagaba con la muerte. Y esto se tuvo que cumplir a como dio lugar, primero con el sacrificio de animales y posteriormente con el sacrificio increible de su Santo Hijo en una cruz. ¡Vaya que se tomó en serio aquella instrucción sobre el pecado y la muerte! Así es, Dios le da mucha importancia a la existencia y las necesidades del ser humano pero entendamos esto: jamás, nunca va pasar sobre sus propios preceptos, sobre su manera de pensar y menos aún sobre su santidad. A esto es a lo que Dios le llama justicia.

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