15. ¿Son pecado los vicios?

Hace un tiempo, escuché la clásica pregunta de un adolescente que cuestiona a su madre cristiana acerca de las bondades de la cerveza y la falta de contundencia de la Biblia acerca del tabaco. -La Biblia no dice nada acerca de fumar!, argumenta el muchacho, sobre todo en la necesidad de poder empatar con sus amigos de la escuela, los que empiezan a probar los "placeres de la vida". Ante la mirada desconcertada de la madre el muchacho parece haber ganado la batalla, después de todo ella tampoco ha leido una sola referencia bíblica que indique algo acerca del tabaco.

Lo mismo se argumenta a todo tipo de productos que podemos ingerir y que, con el tiempo, suelen convertirse en un vicio. La cerveza, el vino, el alcohol, la mariguana, la cafeína, y otra case de drogas, están entre los productos que como cristianos más combatimos en las iglesias. La palabra de Dios enseña lo siguiente:

1 CORINTIOS 6:12 (RVR60)

Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.


Esta porción de la palabra de Dios es clave para entender esto y otras cosas. Primero hay que entender que nuestra salvación, ganada con la sangre de Jesús derramada en una cruz y con su resurreción de entre los muertos, no se pierde por cualquier cosa que ingiramos. Pero (por su puesto que hay un gran PERO), es necesario que nos mantengamos en un camino que conduzca a la santificación. Esto quiere decir que debe haber dominio propio en nuestra vida que debe haber control sobre nuestras emociones, nuestro cuerpo, nuestros vicios. A veces un vicio puede ser tan inofensivo como tomar ineludiblemente cocacola o comer helado sin fallar un día, o cosas más complejas como relaciones enfernizas con nuestros padres o con los novios o esposos… Como sea, el Señor nos manda a saber distinguir entre algo que nos gusta y que consumimos de vez en cuando y un vicio.

¿Cómo reconocer un vicio? Porque estamos DOMINADOS por tal o cual cosa. Si es repetitivo al grado que no hay manera de suspender su uso o práctica, si tenemos una lucha de conciencia en la cual nos engañamos diciendo que no hay nada de malo en ello y ese es el argumento final, entonces, lo más seguro es que estemos dominados ya por un vicio. Es hora de dejarlo. Después de todo, sobre todo en lo relacionado con los alimentos, los vicios nos arrinconarán hasta convertirnos en alcoholicos, fumadores, mariguanos, u obesos, con las consecuencias de lo que esto significa, afectando así nuestros cuerpos que, según lo que dice la Biblia, son templo del Espíritu Santo. Nadie entraría a un templo, a menos que estuviese enfermo, y tirar lodo en el altar… ¿Por qué entonces hemos de llenar el templo del Señor que es nuestro cuerpo de cosas desagradables como toxinas, azúcar en exceso, grasa que tape nuestras arterias, cafeína que altere nuestros nervios, gas que rompa nuestros intestinos, nicotina que destruya nuestros pulmones?

¡Cuidado con esa cocacola de más, esos chocolates inevitables, esa cerveza repetitiva, ese cigarro social, ese café ineludible de todas las mañanas! Todas, todas las cosas pueden, fuera del control de Dios convertirse en vicio, y al ser dominado por ello, pecar delante del Señor.

1 CORINTIOS 6:19 (RVR60)

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

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