17. Las pruebas, ¡exámenes sorpresa!

Me gusta la idea de que el Señor sea el dueño del crecimiento. Nadie puede dar el crecimiento más que Él. El crecimiento físico de plantas animales y personas, pero también el crecimiento de nuestro espíritu. Nuestra alma crece bajo su cuidado y halla desarrollo ante su mirada amorosa.

Incluso hay un dicho acerca del crecimiento que dice más o menos: crecer duele. Hay un tanto de dolor en el desarrollo de habilidades espirituales, en el crecimiento de los dones que hemos recibido por parte de Dios, hay dolor en alcanzar la madurez necesaria para llegar a ser como Cristo. La Bilbia dice que somos forjados al fuego, nuestra madurez tiene que ser probada una y otra vez para que nosotros mismos conozcamos nuestro avance bajo el cuidado del Espíritu Santo. A estas evaluaciones, en la Biblia, se les llama PRUEBAS. Más que hacernos sentir mal o decepcionados o heridos, hemos de recibir la prueba de Dios de manera espiritual, confiados en su mano misericordiosa, reconociendo el poder de Dios en nuestra vida y agradecidos por estar en pleno crecimiento. La prueba es el más claro síntoma de que estamos creciendo en el Señor, son exámenes en nuestro desarrollo espiritual, es la señal más clara de que Dios está poniendo toda su amorosa atención en nuestra formación como hijos suyos.

Estemos seguros de que toda prueba que llegue a nosotros está en nuestra liga de acción. Podemos con ella, sin duda. Sólo hay poner atención en las caractrerísticas de la prueba misma, orar sin cesar y confiar en la guía maravillosa del Espiritu Santo en nuestra vida. Honestamente creo que hay niveles de pruebas en la vida cristiana. A ver qué le parece mi tesis:

1. Pruebas de confianza. Creo que estas pruebas son las más comunes y que buscan confirmar en nostros que realmente estamos dependiendo de Dios en nuestra vida. Suelen ser pruebas báscias: perdemos el trabajo, nos caen ladrones en casa, chocamos sin consecuencias más que económicas, perdemos la cartera, perdemos un vuelo, en fin, cosas que le pegan directamente a nuestros apegos más superficiales.

2. Pruebas emotivas. Poco más adelante en el camino hacia la madurez vienen llegando las pruebas que incluyen situaciones profundas emocionalmente: perdemos amigos o miembros de nuestra familia, estamos en situaciones difíciles en el matrimonio, tenemos problemas de salud, etc. Estas pruebas afianzan nuestro poder en la oración, nos permiten practicar el fruto del Espíritu y probamos nuestra capacidad de estar en paz.

3. Pruebas de identidad. Estando más cercanos a la madurez espiritual, recibimos pruebas mucho más trascendentes para nuestra alma. Este tipo de pruebas están destinadas a que afiancemos nuestra identidad como hijos e hijas de Dios. Se trata de pruebas que ponen en duda la existencia de Dios, que ponen en duda sus promesas y que nos invitan a hacer locuras con el poder que Él nos ha dado. La prueba nos permite establcer una relación final con nuestro Padre y nos permite "creernos" finalmente, que somos responsables, como hijos de Dios, del establecimiento de su Reino. Nos otorga misión y propósito como coherederos de la gracia.

Al finalizar nuestra vida hemos de haber pasado por al menos una prueba de cada tipo. Estaremos en el camino a la madurez cuando vayamos descubriendo que el Señor está ya, probando nuestro crecimiento.

SANTIAGO 1:12 (RVR60)

Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

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