26. ¿Cristo murió por mí y por todos?

SAN JUAN 1:12 (RVR60)

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios…

La redención de Jesús, el sacrifico que hizo por los pecados del hombre y de la mujer, es suficiente para todos pero no es efectiva para todos. Jesús murió por los pecados de aquellos que creen en él. Las personas que no son capaces de creer no tienen acceso a esta bendición tan inmensa. Creo que podemos explicarnos un poco más.

El sacrificio del Señor Jesús y su resurrección son los elementos más importantes de un elaborado plan de salvación en el que el ser humano es rescatado de un hoyo abismal llamado pecado. Por el pecado, el alma muere estando apartada de Dios. Esta condición del alma es terrible y para nada es el propósito de Dios. Ahora bien, Dios está a la búsqueda de reencontrarse con su creación más preciada; el amor de Dios se desborda en el sacrificio de Jesús, su único hijo, debido básicamente a que busca que el ser humano vuelva a cohabitar con Él. Dios busca la paz con el ser humano. Paremos aquí para hacernos una pregunta clave: ¿entonces porque no Dios simplemente se hace de la vista gorda y pasa por alto el pecado? Eso sería lo más fácil, ¡borrón y cuenta nueva!

Nada de eso. Hay algo que Dios no pasa por alto y esa es su Santidad y derivada de ella, su JUSTICIA. De acuerdo con la justicia de Dios el hombre está condenado por ofender Su Santidad. La consecuencia del pecado es la muerte. Sólo el derramamiento de sangre inocente puede justificar al pecado. Inicialmente este sacrificio se hacía con animales, corderos básicamente. Pero el hombre también abusó de este medio de justificación. Ya no había un arrepentimiento verdadero, -Total, tengo muchísimos corderos en mis corrales… Dios expresa su hartazgo de estos sacrificios inaceptables por falsos y prepara a un cordero inocente, santo, único y suficiente: Cristo. Jesús muere por todos los pecados conocidos y por conocer, y convierte su sacrificio en un enorme justificante ante Dios de los pecados de todo aquel que los necesite. ¿Todo el mundo? No, no todo el mundo.

El pacto de gracia, el pacto hecho con el sacrifico de Cristo entre Dios y el hombre, establece que aunque el sacrificio de Cristo podría justificar todo el pecado del mundo, sólo servirá para justificar el pecado de aquellos que crean en Cristo.

Tiene sentido, mire: Si no creo que existe Dios, menos aún creeré que he ofendido a nadie con mi pensamiento o con mis acciones, por lo tanto el nacimiento de Cristo no será mas que un pretexto para comer pavo en Navidad. No implicará nada en mi vida saber que este hombre inocente, (hombre, ya que tampoco sería yo capaz de creer que es Dios y Hombre), murió con muerte de cruz para redimirme. Siendo esto, pues no hay efectividad en el sacrificio de Cristo. Sin embargo, si creo que hay un Dios, entonces comprenderé que el simple hecho de no tener una relación con Él es pecado, sin hablar de todos los demás pecados que ya conocemos, y entonces podré buscarle arrepentido de haberle menospreciado. Creeré entonces lo que Él me dice, y Él dice que el camino para ser redimido es creer en Su hijo Cristo. Creeré en Cristo y entonces, sólo entonces, podré ser justificado delante de Dios. Este es el camino para el auténtico reencuentro de reconciliación entre mi alma y Dios.

Cristo se sacrificó para justificar los pecados de todos los que creen en Él.

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