20. ¿Enojarse es pecado?

irritable condition

La irritabilidad es esta condición en la que nos sepultamos sometidos a nuestra frustración e ira. Andamos por la vida con un panorama oscuro en el que cualquier detalle fuera de nuestro gusto o nuestro control, nos lleva a episodios ridículos y melodramáticos en el que el somos afectados todos: el irritable y sus allegados. Qué terrible es observar a personas que son consumidas como a fuego lento por esta condición emocional. En poco tiempo la irritabilidad nos sumerje en problemas de toda índole. Pero es inevitable, podrá usted decirme, es mi carácter, ¡así nací!

Nada de eso, la irritabilidad es sumamente dañina pero es absolutamente controlable desde nuestro espíritu. De hecho, este sistema de vida puede convertirse en una condición de salud mental en la que hay que medicarse bajo la supervisión de un especialista.

Antes de esas consecuencias tan terribles en las que ya se ve afectada nuestra salud, e incluso después de eso, Cristo es capaz de sanarnos y hacernos tolerables ante aquellos que nos rodean. Esta condición netamente humana y derivada sin duda alguna, de la maldad interna que nos quita la paz con Dios, es parte de las consecuencias del pecado. Nuestra alma no está en paz bajo ninguna circunstancia. Se deriva de la falta de relación con Dios. Dios es amor y misericordia y su espíritu es bondad en pureza absoluta, así, cuando experimentamos estos arranques terribles de odio, ira y frustración, es imposible que estemos reflejando el carácter de Dios.

Cuando nosotros creemos en Cristo, y le creemos a Él en lo que nos muestra como nuestro nuevo carácter de vida, entonces tenemos que reconocer que no hay nada que justifique nuestra irritabilidad. Jesús nos manda a ser tolerantes con todo menos con el pecado, nos manda a amar a todos menos a Satán y nos manda a ser pacientes con todos menos con la tentación; así, NADA justifica nuestra intolerancia o nuestro odio o nuestra frustración.

Podemos tener un "carácter fuerte", incluso podemos enojarnos por las causas que naturalmente causen nuestra indignación, pero no debemos esclavizarnos en esta condición de irritabilidad.

Roguemos al Señor que el Espíritu Santo que habita en nosotros nos guíe hacia afuera de esta condición tan desagradable que nos deja mal socialmente, nos enferma y peor aún da un pésimo testimonio de nuestra relación con Dios.

 

EFESIOS 4:26 (RVR60)

Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.

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