33. ¿Existe el diablo?

Sonrisa Una excelente pregunta. Con mucha propiedad trataré de responderla sin enojarme mucho. Realmente se trata de un tema que me pone un poco de malas. El Diablo es uno de los nombres de Satanás, como lo es Luzbel, Lucifer, Satán o Belcebú; sólo uno de ellos es un nombre digno de su apariencia y ese es Luzbel. Luzbel hace alusión a un ángel que existió por la gracia de Dios y que estuvo entre sus favoritos, era un ángel hermoso, que podría ser comparado con la luz más hermosa de la mañana. Privilegiado por el favor de Dios y en verdad hermoso. Pero, ¡qué terrible asunto que esta historia no termine ahí!

De hecho en la Biblia existe un texto que narra la historia de un soberbio ser, que de ser bello fue transformado en propiedad del Seol que es equivalente al infierno o la tumba. La narración es contundente y terrible, se le llama Lucero y su pecado es llamado envidia, soberbia y el deseo de ¡ser comparable al Altísimo! Leamos:

ISAÍAS 14:12 (RVR60)

¡Cómo caíste del cielo, tú oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.  Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.

Mas tú derribado eres hasta el Seol,  a los lados del abismo. Se inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es éste aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos; que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a sus presos nunca abrió la cárcel? Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honra cada uno en su morada; pero tú echado eres de tu sepulcro como vástago abominable, como vestido de muertos pasados a espada, que descendieron al fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado. No serás contado con ellos en la sepultura; porque tú destruiste tu tierra, mataste a tu pueblo. No será nombrada para siempre la descendencia de los malignos.


Este ser maligno es desterrado de la presencia del Señor y se convierte en un acusador del ser humano. Nos persigue y la escritura dice que es un homicida. Lo único que busca es nuestra destrucción al apartarnos de la mano de Dios. No olvidemos que nuestra alma no puede estar en paz ni vivir en plenitud si no es con Dios; pues bien, su máximo en la vida es destruirnos pues nos detesta y la mejor manera de hacerlo es separarnos de Dios. El pecado tiene su sello, la tentación se presenta hermosa como él es para hacernos caer en una trampa sin fin. Hemos de andar con cuidado porque él tiene una obsesión en la vida y esa es perjudicarnos. ¿Se fija usted como Satanás persigue al hombre y no a Dios? Bueno, es que no es bobo. Si su batalla la llevara a Dios, la perdería con estrepitosa caída. De hecho un día llevó su batalla a Dios, se enfrentó a Jesucristo y sigue lamentando su terrible derrota. Piensa que puede recuperarse, pero ¿le digo un secreto? Eso no pasará. Satanás fue derrotado y así permanecerá para siempre. 

Desconfíe de la belleza de este individuo.

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