39. ¿Podemos evangelizar al mundo? Primera Parte

Los pueblos del mundo saben de Jesús; es sólo que no lo conocen.

En el mundo se está dando un fenómeno muy intresante en lo que respecta a la compartición del evangelio. Se sabe del Señor Jesús, su vida es conocida e incluso celebrada, se hacen películas extraordinariamente taquilleras al respecto de su padecimiento, la iglesia Católica Romana, la iglesia “oficial” de Jesucristo, es la religión más grande del mundo, la Navidad es la celebración más esperada en cada latitud del mundo incluyendo las budistas; por factores comerciales si se quiere, pero es así. Esto no es casual. El libro de Isaías capítulo 4 ya profetiza

Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos.

El reino del Señor es causa de alegría a todos los pueblos. Sólo que hay algo que es necesario considerar:

 

Se presenta una sensación extraña en nosotros si leemos en algún lugar que es necesario que se reevangelice a las naciones. La Escritura habla, sin duda, de llevar la buena nueva de la fe, de ser testigos en las naciones y presentar al Señor Jesús como el único Redentor de las almas, pero ¿reevangelizar?

Los discípulos, en las primeras frases del libro de los Hechos, observan cómo el Maestro es tomado en las nubes para ir a su morada eterna junto a su Padre, Padre nuestro también. La sorpresa les dibuja un rostro raro y su mente trabaja a toda velocidad tratando de explicarse aquel fenómeno. Habían visto milagros antes, gente sanada, cosas imposibles de creer como un paseo a pie por la superficie del agua, pero de eso a volar… Hoy estamos familiarizados con los aviones, los trajes especiales que permiten que un hombre planee en el aire, los espectaculares cohetes personales abrochados en la espalda, las películas de ciencia ficción, pero de eso nada en la vida sencilla de los discípulos de Jesús. Sí, les resultó muy impactante. Pero eso no se compara con la impresionante tarea encomendada para el resto de sus vidas: ir y hacer discípulos a TODAS las naciones.

Un panorama enorme se abría frente a sus ojos. Cientos de miles de personas en todas partes del mundo conocido, no solamente no tenían idea de quién era ese Jesús que hacía tantas maravillas, sino que ya tenían su vida espiritual cubierta con sus propias deidades. En Europa el panteón griego era impresionante a todas luces, los romanos también tenían lo suyo, los africanos controlaban con sus artes mágicas la vida y obra de hombres y mujeres de mente sencilla y vida práctica. Incluso, sin que nadie lo sospechara, Quetzalcóatl iniciaba su influencia en Mesoamérica. Exacto, ¡la evangelización se trataba de una instrucción imposible de cumplir! No con ese grupo de personas anonadadas, no, con su reducido número y menos aún teniendo los recursos limitados. Era necesario mucho poder. Y poder recibieron. Poder recibimos.

 

FIN DE LA PRIMERA PARTE

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