36. ¿Qué es la verdadera libertad?

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La libertad no es la estatua de color verdoso que se halla velando el ingreso al puerto de Nueva York. Tampoco es la campana que suena cada 15 de septiembre en la noche en el zócalo de México DF, no es tampoco el 4 de julio encarnado, ni el descanso obligatorio del 16 de septiembre en todas las escuelas mexicanas. No, no se trata del día de la independencia de ninguna nación. No es el final de la esclavitud ni tampoco es el libertinaje que tanto nos gusta cuando somos jóvenes. ¿Qué es la libertad entonces?

La libertad es sometimiento, es entrega, es la mayor manifestación del amor, es confianza, es lucidez, inteligencia y voluntad, implica respeto y responsabilidad. Expliquemos:

La libertad verdadera puede vivirse inclusive encadenado de pies y manos. No se limita al acto deseable de no estar prisionero o ser esclavo. Es mucho más que quitarse unas cadenas. Cuando se está encadenado y se es libre entonces podemos decir que tenemos libertad en nuestro ser. Se trata de una libertad de mente y espíritu. Uno puede estar sin libertad aunque viva en un país libre como cualquiera de los que se llaman a sí mismos el "mundo libre".

Lo que pasa es que la libertad tiene más que ver con Dios que con otra cosa. Es un elemento principal de lo rescatado por el Señor Jesús en el sacrifico efectuado en la cruz del calvario. La libertad que él ganó es una libertad permanente en la que todos deseamos estar. Nos aparta del miedo, a la muerte, al tiempo, a las acciones, a las decisiones, a la gente, a los espíritus, al dolor. Nos saca del sometimiento del pecado y de sus consecuencias funestas. Nos otorga una relación de amor con nuestro Creador en confianza y pulcritud comunicativa. Nos activa como seres espirituales y nos proyecta con responsabiidad a un mundo que necesita de nosotros, de nuestra acción. Seamos pobres, seamos ricos, esclavos, poderosos, prisioneros, perseguidos o maltratados, nuestra libertad en Dios permanece para siempre. Esa libertad no es de este mundo, pertenece al mundo espiritual y por sobre todas las cosas es sumamente valiosa. No puede ser concedida por ningún hombre porque no es nuestra. Es de Dios.

Pide libertad verdadera a nuestro Padre Celestial. Podrás experimentar algo no vivido nunca… a pesar de todas nuestras libertades.

¡Feliz día de la Independencia por cierto, mexicanos!

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