37. Mi marido no cree en Dios… Primera Parte

¡Uf! Un tema muy polémico entre las mujeres de cualquier iglesia del mundo. Todo empieza con una historia simpática para la quinceañera, y angustiante para los padres: Luchita, que así se llama nuestra quinceañera, cumple una media treintena de bien ganados años, pero con la poca experiencia de la vida decide que ya es lo suficientemente grande como para tomar sus propias decisiones; Dios le manda a ser victoriosa y a ser madura. una hija de Dios puede hacer lo que le plazca, aunque no todo conviene, al menos eso es lo que ella piensa. Ella decide tomar ya sus decisiones, decisiones de adultos. Ve al descudrado chambelán que la acompaña durante su fiesta, no le importan su flacura extrema o su débil voz cambiante, menos aún su inexperta apariencia de puberto y decide vivir con él la aventura de su vida. Media hora después del primer beso, está embarazada. No poquito, muy embarazada. Aquí empiezan todos los inconvenientes.

Petrita, cumple su mayoría de edad mientras se gradúa de la escuela preparatoria, hoy es su cumpleaños y su graduación. Petra, decide darle a su novio el regalo más preciado que se le puede dar. No sé por qué, puesto que no es él quien cumple años y tampoco se gradúa porque ya está en la carrera, pero bueno, es él quien recibirá el regalote. Prepara el regalo con una bella envoltura y finalmente se lo entrega en sus manos después de un rico beso de novios. Se trata de un paquete pesado, aquél lo abre y su rostro cambia. Sus manos tiemblan, se prende al grado de levantar la voz, y arroja el preciado tesoro fuera de sí a las manos de la espantada Petra. ¡Le ha dicho miles de veces que no quiere oir nada acerca de Dios, menos aún recibir como regalo de no cumpleaños una Biblia forrada en piel! Ella es la tonta por ser cristiana, ella es la que tiene que abrir los ojos y disfrutar de la vida, no él. Hay ruego por parte de Petrita y finalmente, luego de promesas y concesiones, se reconcilian. A los dos años se casan porque ella está embarazada. Deja de estudiar, deja la iglesia por la vergüenza, y se retira a vivir con el cuasi administrador de empresas turísticas que tendrá futuro si es que algún día termina la carrera.

No sé por qué todas estas historias terminan en embarazo. Lo que sí sé es que también terminan en algo mucho más grave. Terminan en una historia de desigualdad, de angustia, de violencia incluso. No hay empatía alguna y la que padece es la mujer. Y esto tiene una razón importante según lo que dice la Biblia.

GÉNESIS 3:16 (RVR60)

A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

La mujer tiene entregada su voluntad a la del hombre. Dios hizo esto por las repercusiones del pecado de Eva. Mire usted que esto no es un cuento de hadas, la entrada del pecado cambió la existencia del hombre y de la mujer, la Tierra misma sufrió las consecuencias del pecado de aquellos; el orden establecido por Dios, toda igualdad, toda paz, toda buena onda, terminó con la aparición del pecado en la humanidad. Ahora el hombre padecería para sacarle algo de provecho a la Tierra, ya no sería el señor de la creación de Dios como estuvo dispuesto al principio, sería uno más entre todo lo creado. La mujer se llevó una peor, su voluntad estaría sometida a la del hombre quien sería su cabeza. Esto es irremediable. Esto será así para siempre porque fue dictaminado por Dios y él no es como nosotros, él no falta jamás a su palabra. Toda mujer cristiana, entonces que decide casarse con alguien que no cree en lo mismo que ella, pues está sometiéndose por su propia mano a algo que atenta contra todo lo que representa su fe y más aún que contradice a su Padre Celestial. Su padecimiento no sólo es terrible sino que también es lógico.

FINAL DE LA PARTE UNO DE DOS

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