34. Nuestra meta: el Cielo

ladder to heaven

Por Saraí Arroyo Leal

Estudiaré y en cuatro años seré administradora, el próximo año seré el director de la empresa, ¡a los 30 me caso!,  ahorraremos un par de años más y tendremos una casa propia, quiero aprender 3 idiomas, a mitad de año nos vamos de viaje; un par de meses más abriré el negocio que siempre quise.

Los seres humanos tenemos la capacidad de fijarnos metas a lo largo de nuestra vida y aunque pueden variar en el tiempo pues algunas son a corto, mediano o largo plazo, ciertamente son concebidas para ser cumplidas y no debemos dar marcha atrás.

Pero, ¿qué pasa cuando no sabemos cómo alcanzarlas? Seguramente empiezan los cuestionamientos, las frustraciones, los reclamos y ciertamente hasta llegamos a sentirnos fracasados en la vida; pero, ¿por qué no mejor nos detenemos a mirar cuales son aquellas metas que nos mantienen bajo un estrés total y que quizá ni siquiera haya seguridad de que sean alcanzadas pues muchas de ellas suelen depender de algo o alguien ajeno a nosotros? La buena noticia es que hay una meta que  no depende de factores externos, únicamente de nosotros mismos y debe ser nuestra prioridad…

 La Biblia nos dice en:

COLOSENSES 3:1 (RVR60)

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.

COLOSENSES 3:2 (RVR60)

Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

HEBREOS 12:2 (RVR60)

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

HEBREOS 11:26 (RVR60)

Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.

Estos 4 versículos nos dicen cuál debe ser nuestra meta como hijos de Dios, cómo podemos lograrlo y cual será la recompensa. Es cierto que debemos esforzarnos por nuestras metas en la Tierra pero no debemos hacer menos o dejar atrás la única que nos traerá como recompensa un GALARDÓN ETERNO.

El hacer del cielo nuestra meta y  estar determinados a alcanzarlo es nuestro mayor desafío; si ponemos la mirada en el galardón eterno, ¡hasta los tesoros más grandes de este mundo se quedan pequeños!

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