41. ¿Todos son cristianos en las iglesias?

No.

Cuando nos enfrentamos a una comunidad religiosa, hemos de suponer que no todas las personas que participan ahí o asisten ahí, confiesan la misma fe. Hay muchas razones por las que una persona puede pertenecer a un grupo y no compartir sus valores, sus creencias o su fe. Entre tantas, la más común es que se trate de personas que nacieron de un matrimonio que ya pertenecía a esa iglesia. El pequeño vástago va creciendo y siendo educado en las cosas que el grupo valora y practica, pero quizá no las crea.

En las iglesias a este tipo de personas suele conocérceles por "personas que nacieron en cuna cristiana". Esto no es garantía de nada, excepto quizá de que han sido educadas con los lineamientos que rigen al cristianismo, a veces ni eso. Estas personas suelen confundirse y pensar que por haber asistido a una iglesia toda su vida ya tienen ganada la salvación de su alma y el perdón de su pecado, de hecho hay una promesa hecha por el Señor en un pacto expuesto ante Abraham. La promesa del Señor es una garantía siempre, pero resulta que el tal pacto tiene una condición, que se sea perfecto delante de Dios y es posible hacer esto a través de Cristo, si no se hace pues no hay pacto.

Es por esto que también es necesario que nuestras iglesias sean reevangelizadas. Hoy contamos con una circunstancia especial dentro de las cuatro paredes de nuestros templos: infinidad de miembros de cuna cristiana.

Penteneciendo yo mismo a este grupo especial de selectos adoradores dominicales, puedo decirles que esta característica es más peligrosa que privilegiada. Los muchachos crecen siendo educados en el seno de las iglesias pero pocas veces se les dicipula como se hace con un recién convertido. Las conversiones al cristianismo, viniendo de otras religiones o de practicar ninguna, son profundamente más dramáticas, tienen esa parte muy contrastada entre la vida anterior, la conducta del viejo hombre y el nacimiento renovado de un nuevo hijo o hija de Dios. Cuando un ser humano se halla finalmente en humildad reconociendo al Señor como su Redentor, es un verdadero parteaguas en la existencia del mortal. Esto es muy evidente y a todas luces se reconoce a quien ha sido tocado por el Espíritu Santo del Señor.

Esto no pasa con los que nacimos en “cuna cristiana”. No hay contraste, es fácil perderse en los rituales de la iglesia, en la participación activa dentro de las organizaciones, en el quehacer correcto para conseguir la membresía, en el conocimiento de la palabra, en la oración perfecta. ¡Qué tristeza, darme cuenta hasta mis 33 años del tiempo perdido y que no había enfrentado a mi Redentor para recibirle en lo más profundo de mi alma, de mi mente, de mi corazón! ¡Cuánto tiempo desperdiciado, cuanto riesgo tomado de manera sistemática, cuanta falta me hacía mi Dios!

Esto mismo es un cuadro repetitivo en cada una de nuestras iglesias. Por eso es que luego encontramos a personas que nos llaman hipócritas, porque decimos que pertenecemos pero no es de corazón. Cuando usted llegue a una iglesia fíjese en Cristo, nunca en los seres humanos, Cristo jamás le decepcionará.

Es necesario dar la oportunidad a quienes no pueden ver por la falta de contraste, por la vida “correcta” que se lleva a todas luces, a los que ya disfrutan incluso de membresía, de que conozcan en realidad a nuestro Salvador Jesucristo. En una ocasión tuve la oportunidad de predicar el evangelio en mi propia iglesia, a pesar de que no había muchos invitados o personas que no conocieran de Jesús, Dios me invitó a mantenerme con el mensaje evangelístico y lo hice; durante el llamamiento, mi sorpresa fue mayúscula al ver de pie a muchos de los miembros de la iglesia incluyendo a uno de los líderes de la iglesia, un hombre de edad avanzada. Alabo al Señor por su misericordia por este hombre, viejo y que apenas se puede sostener en pie y que por la insistencia en el evangelio ha conseguido nacer de nuevo.

Hemos de hablar de Cristo incluso a la iglesia, al grupo de participantes en la fe de Cristo, no importa cuántos años tenga la iglesia funcionando. Nunca es tarde para recibir a Cristo en nuestra vida.

SAN MATEO 7:21 (RVR60)

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

 

Otros artículos