44. ¿Hay una Ley de Oro?

El Señor Jesucristo enseñó durante su estancia en la Tierra que no había nada más importante que amar a Dios. Pero luego colocó una tarea impresionantemente difícil en nuestras manos. Primero que nada, hemos de reconocer que amar a Dios no es, o al menos no debería ser tan complicado. Es un ser de bondad absoluta, de amor absoluto, de justicia absoluta, que aparte es quien nos creó y a quien debemos la existencia; por un mero sentido de gratitud deberíamos amarle con profundo amor sincero. Amar a Dios, que es perfecto, podría ser una tarea fácil, aunque… Bueno, muchas veces no es una realidad en nuestra vida.

Pero lo que nos ocupa hoy, tiene que ver con la tarea más difícil de las que se pueden leer en el siguiente pasaje de la Biblia:

SAN MARCOS 12:29 (RVR60)

Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.No hay otro mandamiento mayor que éstos.

Exacto. La parte más compleja de este pasaje viene con el segundo mandamiento. Ocho palabras que presentan el reto más grande de la humanidad. Mire que no exagero. Es terriblemente difícil amar a una persona que es pureza total, que es nuestro creador y que le debemos la existencia, ¿cuánto más será amar a una persona imperfecta, pecadora, vengativa, egoista, que procura nuestro mal, que nos tiene envidia, que compite con nosotros? Sé perfectamente que no todos son así, pero déjeme aclararle que todos en más de una ocasión pasamos por estas características nada nobles.

Pregúntese, ¿quién podría amarme cuando estoy en mis cinco minutos de ira? ¿O cuando estoy buscando vengarme de alguno que me hizo daño? ¿O cuando estoy planeando cómo engañar a mi conyuge sin que lo note? ¿Quién, sabiendo esto podría amarme como a sí mismo? Por eso mismo el Señor Jesús dió la clave para poder cumplir con este mandamiento. Lo que tendríamos que hacer es pensar en lo que nos gustaría a nosotros. Tendríamos que pensar en el deseo de nuestro corazón para nuestra conveniencia. ¿Qué deseo recibir de una persona, incluso de una desconocida? Pues bien, eso que deseo recibir, es lo que daré.

SAN LUCAS 6:31 (RVR60)

Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.

Una regla de oro: Haré con los otros lo que quisiera recibir de ellos. Vaya, es interesante notar que nunca dice la Escritura que luego de hacer esto, RECIBIREMOS lo que anhelamos recibir. No, lo tenemos que hacer sin la esperanza de reciprocidad. Esto es verdadero amor. Y dijo el Señor Jesús que el mundo reconocería a sus discípulos por el amor que se tienen unos a otros, así que ¡a practicar!

Dije que era el reto más grande de la humanidad por una razón: si cada ser humano pudiese amar a otro ser humano con el amor que dicta el Señor, entonces detendríamos todo delito. Si amo a mi prójimo, nunca le robaré, no buscaré a su esposa, no dañaré sus propiedades, ciertamente no le quitaré la vida, procuraré que viva como yo deseo vivir. Lo sé, es utópico, esto es por causa del pecado. Ningún ser humano puede hacer esto si no ha hecho las paces, previamente, con Dios. ¿Quisiera hacer las paces con Dios para empezar a practicar el amor? Lea aquí.

 

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