45. ¿Qué espera Dios de mí? Primera Parte

Hay varias muchos seres humanos, personas comunes y corrientes como usted o como yo, que han dedicado su vida a servir a Dios. Su servicio es profundo y desinteresado, lleno de amor y respeto por Dios. Hay otros, los menos gracias a Dios, que han dedicado su vida al "servicio a Dios" pero en una situación muy diferente. Su servicio es superficial, interesado en su propia comodidad y termina siendo irrespetuoso delante de Dios. Lo peor de todo es que alegan que han servido a Dios de manera fiel. Tal vez sea ignorancia, bien dijo el Señor Jesús:

S. Marcos 12:24 (RVR60)

Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?

Quizá. Pero la gran pregunta que todos los que deseamos servir a Dios es la siguiente: ¿Qué quiere Dios de mí?

Lo primero que debo pensar, si quiero cumplir con la expectativa de Dios, es ¿qué es lo que quiere el Señor que yo haga? ¿Cuáles son sus expectativas? ¿Cómo he de actuar para cumplir su voluntad? Resulta que ya son muchas preguntas y casi siempre erramos las respuestas.

Algo que a mí me ha servido es sintetizar el camino para que no me pierda en la búsqueda por hacer Su propósito en mi vida. Lo he puesto en cinco fases de un proceso, basado en lo que dice la Biblia. Espero sinceramente que usted se sienta identificado con alguna parte de este proceso porque querrá decir que está usted ya en el camino de vivir la vida que Dios tiene preparada para usted.

 

DIOS ESPERA DE MÍ:

1. GRATITUD. La creación con todo lo que incluye, el ser humano mismo fue creado para bendecir el nombre del Señor. Por Él y para Él fueron hechas las cosas que existen. Él tiene soberanía sobre todo lo que hizo y nosotros fuimos llamados a la vida sin merecer nada, porque nada habíamos hecho para merecer algo. Lo que espera Dios de nosotros es que agradezcamos sinceramente su misericordia y su gracia. Gracia significa que no recibimos lo que merecemos sino que recibimos algo inmejorable que NO merecemos. Recibimos su gracia pero no dijimos ni gracias.

El ser humano prefirió despreciar a Dios, pecó contra Él. No hubo gratitud, hubo pecado. Pero Dios enderezó todo a través de un plan para darnos una segunda oportunidad. Podemos reconciliarnos con Él si tan sólo hacemos lo que explicamos AQUÍ. Ahora sí, luego de recibir la segunda oportunidad, reconciliarnos con nuestro creador, Dios vuelve a esperar GRATITUD de nuestra parte. No olvide agradecer diariamente a Dios su gracia por usted, SU GRATITUD LE LLEVARÁ DIRECTAMENTE A ALABARLO.

2. IDENTIDAD. Una vez que nos hemos reconciliado con Él nuestra identidad empieza a ser reformada. Somos transformados en nuestra mente, en nuestra voluntad e incluso en nuestros cuerpos. Nuestra identidad tiene que cambiar. Al principio fuimos creados para ser SEÑORES de la creación:

Génesis 1:26 (RVR60)

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Con la aceptación del pecado en nuestras vidas y el rechazo a Dios, perdimos esta capacidad de ser señores de la creación, perdimos el privilegio de que la Tierra y todo lo que en ella hay fuera para nuestro beneficio con facilidad. Perdimos el control de lo que se nos había dado. Pero al llegar a la segunda oportunidad, nuestro Dios nos restaura en ese papel del principio. Nos da señorío nuevamente sobre lo creado. El poder que recibimos por parte de Dios, cuando nos hemos reconciliado con Él, el hecho de ser adoptados como parte de su familia:

Romanos 8:15 (RVC)

Pues ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice nuevamente al miedo, sino que han recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Nuestro Padre!

y la profunda manifestación del amor de Dios en nosotros debe cambiar nuestra identidad, debemos estar convencidos de esto. Nuestra nueva identidad debe ser sólida y así funcionar como el cimiento de nuestra vida. Esto espera de nosotros el Señor, que transformemos nuestra identidad para su gloria. EN ESTA TRANSFORMACIÓN DAREMOS CRÉDITO (GLORIA) A DIOS.

 

FIN DE LA PRIMERA PARTE DE DOS

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