48. Tips para discipular

Suelo pensar que el discipulado es una de las cosas que más bendiciones traen a quien aprende pero más aún a quien enseña. Me pregunto entonces por qué será que las iglesias tienen su talón de aquiles en el discipulado. Quizá sea porque no se entiende muy bien qué es esto, pero también podría ser por falta de consejo al respecto de los primeros pasos en esta actividad encargada directamente por el Señor Jesús antes de irse. Definamos.

En cuanto a qué significa, lo pondré de la manera más sencilla posible: Una persona que sabe de la vida cristiana porque la vive a diario, GUÍA a otra que es más nueva por el mismo camino. La persona que enseña puede ser considerada maestro o maestra de la que aprende, a la que llamaremos discípulo (a).

Pero parece que esto está claro. Nuestro Señor Jesús funge como el Maestro insuperable de unos discípulos que se convirtieron con el tiempo y con base en las enseñanzas de Jesús, en Maestros de otros discípulos y así hasta hoy. El encargo de Jesucristo está siendo cumplido a cabalidad por aquéllos que tienen a su cargo y bajo su cuidado a un discípulo.

S. Mateo 28:19 (RVC)

Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Enséñenles a cumplir todas las cosas que les he mandado. Y yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Pero quizá usted sea más como yo, que empecé tarde a cumplir con este encargo del Señor y hoy, poniendo las cosas en perspectiva, pienso en las cosas que estorbaron a mi mente para dar inicio a esto que es tan vital para la construcción del Reino de Dios.

Pensando en estas cosas, hoy le doy 5 consejos para que, quizá, usted pueda destrabar su ánimo y su iniciativa y podamos contar con un maestro o maestra más para el Reino. Tal vez usted lleve mucho tiempo ya en su iglesia (todo arriba de dos años es mucho tiempo), y lo que necesita es impulso, permítame ayudarle con eso, ahí le van unos consejitos:

1. Nunca es tarde para aprender. No hay nadie que lo sepa todo ni nadie lo podrá saber nunca, así que constantemente estamos en aprendizaje. Enseñar a otros, sin importar su edad, nos enseña también a nosotros sin importar la nuestra. Si nos damos cuenta de que todos estamos aprendiendo, entonces usted no tiene que pasar grandes cantidades de tiempo esperando para estar listo para enseñar. Enseñe; si tiene más de dos años de ser cristiano está listo para enseñar a aquéllos que llevan apenas dos días o dos semanas de serlo.

2. Utilice los recursos que tiene a mano. Si tiene usted una libreta y un lápiz, entonces usted está listo para discipular; pero si tiene una moderna ipad con un cañón para proyectar, también. Usted no está limitado por sus recursos puesto que nuestro Señor es un Dios que hace el milagro de la enseñanza. No dependemos de nuestros objetos ni de nuestro dinero, de lo que sí dependemos es del Señor y bueno, ahí no hay nada más que decir. En Él obtendremos lo que necesitamos para hacer la labor. No pase más tiempo esperando a que Dios le vuelva rico para que pueda comprar lo que necesita para discipular. Discipule.

3. El amor a Dios es lo que quitará el miedo. Tal vez lo que espera usted es que salga un té más poderoso que la pasiflora para que se le quite la temblorina a la hora de hacerse de un discípulo. No lo haga. El miedo es un estado mental en el que nuestro Dios trabaja con poder para eliminarlo. A Dios le disgusta mucho esta emoción, este estado mental. Es uno de los enemigos más fuertes de la fe. Pero tiene un antídoto: el amor a Dios. Si usted ama con fuerza al Señor, este amor le sacará de su atoyadero. Pida al Señor que le dé fuerza y valor y entonces, en Su nombre glorioso, dé el primer paso. Verá cómo luego del primer paso, no hay marcha atrás.

4. La Escritura sola. A veces tenemos tanta información de libros, videos, sermones, comentarios, clases de escuela dominical, campamentos, retiros, himnos, lecturas, blogs, sitios web, facebook, y un interminable etcétera, que estamos confundidos sobre lo que hemos de enseñar para guiar. Tome su Biblia, ore al Señor y trabaje con lo que lea en ella. Créame usted que el Señor le estará guiando con cada palabra que pronuncie. Dios aprovecha este momento para enseñarle a dos personas a la vez: al maestro y al discípulo. No sienta que es usted el que enseña, es Dios quien está enseñando a ambos. Apague todo, use el evangelio (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), de la manera más pura posible. El Señor poco a poco le irá poniendo en su mente otros textos de la Biblia que podrá ir usando. Hable de lo que conoce y que ha vivido.

5. Apéguese al plan A, Dios no usa planes B. El plan de Dios es perfecto. A veces estamos algo así como esperanzados en que Dios cambiará algo de su plan por algo que sea más cómodo para nosotros. Somos como los niños que no estudiaron para el examen y se duermen esperanzados en que al día siguiente no habrá clases por una nevada (incluso si vivimos en el trópico) o por la erupción de un volcán (aún cuando no hay uno en miles de kilómetros a la redonda). Nada de eso pasará. Nuestra encomienda es clara y tenemos que hacer la tarea. Así que le sugiero que ore al Señor con toda su alma y comprometa su mente a formar parte del plan A, no sea que pase su vida entera y la muerte le alcance esperando con ansiedad la llegada del plan B. Hoy es el día de integrarse al plan de Dios o salir de él para siempre. Decida.

Tome consejo y discipule cuanto antes. ¡El primer discípulo es el que cuesta algo de trabajo, los demás son muy pero muy fáciles!

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