49. No me gusta la religión, ¡no quiero ir a la iglesia!

Primero que nada veamos que se trata de dos cosas distintas. Una religión, palabra que se deriva de RELIGAR (volver a ligar), es una institución humana, diseñada por humanos, imperfecta por lo tanto, que tendrá errores humanos, manías humanas y que buscará el bien humano. Está diseñada para buscar los caminos ideales para reencontrarse con Dios. Propondrá los caminos más sutiles y los más estrafalarios para acercarse a Dios. Pero lo más importante es que es un diseño HUMANO. La iglesia de Cristo no.

La iglesia del Señor es una acción de DIOS para reunir a su pueblo. Tiene el diseño perfecto de Dios que es el diseñador por excelencia. Tiene coherencia, es eterna, tiene poder derivado de Dios, y funciona a posteriori en cuanto a la forma de acercarse a Dios, permítame que me explique mejor: la religión busca caminos para acercarse a Dios, la iglesia se compone por los que YA hallaron el camino para acercarse a Dios. La religión da alternativas y rituales para buscar como resultado religarse con Dios; la iglesia cree en Jesús como el único camino para religarse con Dios. La iglesia pues, se forma después de que uno ha hallado a Cristo, y por lo tanto está compuesta por puras personas que creen lo mismo.

Otra diferencia es que la iglesia es universal y la religión no. Es universal porque todas las personas del mundo que hayan creido en Cristo, estén donde estén, formamos parte de la misma iglesia, es decir de ese grupo de creyentes que somos hijos de Dios por su puro amor. Si esto se cumple en nuestra vida seremos parte de la IGLESIA sin importar mucho la religión que practiquemos. La religión está compuesta por un grupo de personas que hacemos los mismos rituales y nos congregamos para llevarlos a cabo; pero la iglesia está reunida permanentemente a través de un pegamento inigualable que es la fe en Cristo. Las religiones tienen celos entre sí, y muchas veces hay pleito entre ellas, en la IGLESIA hay armonía, unidad y paz; el amor de Dios es el que reina para siempre. La religión acaba cuando morimos, la iglesia se mantiene conformada para siempre.

¡Bendito sea Dios por la creación de la iglesia que es su nuevo pueblo, derivado del nuevo pacto en la sangre de Jesús!

La iglesia es el sitio al que quiero pertencer, de hecho YA pertenezco desde que he recibido a Jesús como mi salvador. Si no le ha recibido puede hacerlo con la ayuda que hallará AQUÍ.

A la iglesia se pertenece de manera automática. No tiene usted que hacer nada para pertencer a este grupo creciente de personas que amamos a Dios, excepto creer.

¿Y entonces, para que están las religiones? Buena pregunta. Las religiones muchas veces nos auxilian para entender mejor el plan de Dios para nosotros, nos dan algunas tareas qué hacer, nos permiten trabajar más organizados para hacer crecer el reino de Dios en la Tierra. Nos ayudan a conocer a aquellos que son salvos y alegrarnos con ellos, a estrechar a nuevos amigos que creen lo mismo que nosotros, nos permiten estudiar juntos la Biblia, nos dan la oportunidad de aprender para enseñar a otros, nos permiten participar de un par de rituales que recuerdan el pacto con Dios: los sacramentos. Nos permiten aprender sobre la autoridad de Dios y ponerla en práctica. Así que es como una forma humana de tratar de estar juntos, organizados y conocernos mejor, siempre y cuando se trate de religiones que reconozcan a Cristo como Señor.

La religión debería de funcionar como una pequeña porción de algo más grande, interesante y poderoso que es la iglesia. La religión tendrá errores, ¡muchos! Por eso mi consejo es: viva su religión cristiana con la vista puesta en Cristo y no en los pastores o los ancianos o los diáconos… Todos esos fallaremos alguna vez, pero Cristo jamás fallará.

Hechos 2:44 (RVR60)

Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

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