56. ¿Los cristianos debemos sufrir? Primera Parte

Parecerá ambigua mi respuesta, pero es lo cierto: sí y no. A ver, aclaremos esto un poco. Es necesario decir, primero que nada, que no se trata de sufri por sufrir. Hay una causa mayor que nos invitará a sacrificar nuestra comodidad, confort o conveniencia por conseguirla. Es la misma idea de un atleta de alto rendimiento. Un hombre o una mujer que se preparan con profundo compromiso haciendo enormes sacrificios en alimentación (estrictas y nada deliciosas dietas), en su bienestar físico (podríamos preguntarles si hay dolor al preparar una olimpiada), o en sus relaciones familiares o sociales (soledad y pocas acciones de socialización). Todo estará vinculado al sacrificio, pero los resultados son tremendamente satisfactorios. ¿En las cosas de Dios vale la pena que haya dolor? 

La respuesta a esta pregunta es sí. El resultado de todo sacrificio personal puesto a disposición de la construcción de los planes de Dios para el mundo, hacen que cualquier sacrificio incluso la muerte valgan muchísimo la pena. Cabe aquí aclarar que para los cristianos la muerte es una transición para llegar a la eternidad con Dios. Así, aunque nos dé un poco de miedo la forma de morir, en lo general, la muerte es algo más conveniente que inconveniente. Esto lo aceptamos por fe.

Llegado el momento, estaremos a la espera de que nuestro dolor sea premiado con hacer la voluntad de Dios y su plan es amoroso con la humanidad. Deseamos servir a Dios como sus siervos, como sus amigos, y más aún como su familia que somos. Parece una aseveración descabellada pero la Biblia dice que Dios nos ha hecho partícipes de su reino como hijos herederos de todo lo que Él es y tiene. Ahí mismo se afirma que somos hermanos de Jesucristo, quien funge como nuestro hermano mayor y quien nos pone el ejemplo de cómo cumplir con la voluntad de Dios. Así, cualquier padecimiento que tengamos por causa de Cristo o del plan de Dios, será algo que con gusto haremos, siendo esto muy comparable a lo que se sacrifica por el amor a cualquier miembro de nuestra familia.

Imaginemos que amamos a nuestros padres como a ningún otro ser humano y, en determinado momento nuestros padres necesiten de nuestra ayuda física, cargando algo que puede lastimar nuestra espalda, creo que la inmensa mayoría de nosotros lo cargaríamos sin cuestionamientos; o qué tal si requirieran de nuestra ayuda económica… Bueno dudo que alguno dejara de sacrificar su propio alimento para darlo a quien amamos profundamente. Y entonces, ¿si amo a Dios con todo mi corazón? Bueno ahí tienen la respuesta. 

Hacer la voluntad de Dios implica que nuestra voluntad se someta a la suya y esto suele doler porque quita prioridad a lo que hacemos por aliviar nuestros deseos más placenteros. Esta suerte de hedonismo es algo que debe desaparecer para que hayemos un placer especial y espiritual en servir a Dios con todo nuestro ser y, además, a la larga en nuestra propia conveniencia. Igual al atleta. Sacrifica comer ricas hambuguesas pero su cuerpo se desarrolla más sano y adecuado para dar resultados. Sacrifica con dolor su bienestar físico pero todo tiene un apreciable premio el día en que se recogen las medallas. 

Hemos entonces de sacrificar nuestra comodidad para alcanzar objetivos mucho más dignos, emocionantes y justos, en la justicia de Dios que es hacer su voluntad.

Gálatas 2:20 (RVC)

Pero con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Hebreos 5:7 (RVC)

 Cuando Cristo vivía en este mundo, con gran clamor y lágrimas ofreció ruegos y súplicas al que lo podía librar de la muerte, y fue escuchado por su temor reverente. Aunque era Hijo, aprendió a obedecer mediante el sufrimiento…


Jesús mismo, siendo el Hijo de Dios y habiéndose revuelto con seres humanos, que en todo son inferiores a su divinidad, y estando a merced de ellos, sufrió la humillación de ser asesinado, (mire que dije humillación de ser asesinado, para mi gusto esto fue lo más doloroso de todo); si Jesús con todo su poder y sus características divinas obedeció a su Padre con todo y el sufrimiento, cuanto más nosotros que somos simple creación. ¡Además, lo hacemos todo por amor a nuestro Dios! 

¿Todo es sufrimiento? Permítame contestar a eso en la segunda parte de este artículo.

 

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