57. ¿Los cristianos debemos sufrir? Segunda Parte

Este artículo tiene una primera parte (PARTE 1), en la que hacíamos un ejercicio de pensamiento para entender cómo es que Dios valora el sufrimiento como la parte de un proceso de profundización en el compromiso, la obediencia y el amor a Él. Pero también mencionábamos que la respuesta a la pregunta era Sí y No. Esto quiere decir que, fuera de ese fin último tan valioso que es estrechar la relación con Dios y el crecimiento profundo de nuestro propio ser espiritual, Dios no busca que suframos. ¿Cómo es esto?

Bien, lo primero es definir que el sufrimiento es un vehículo ideal para aprender, crecer, motivarse, impulsarse, comprometerse, y esto es debido a que la recuperación nos invita a la renovación. Pero el sufrimiento gratuito, sin estos objetivos de por medio, no es bíblico. 

Dios no pasa el tiempo que le sobra pensando en las maneras de hacerle sufrir. Hace muchos años escuché una figura de un detractor de Dios que decía que Dios es un niño enorme con una lupa que pasa la vida enfocando la luz del sol para quemar a la pobre criaturita. Coincido en que Dios tiene una lupa pero es para observarnos bien de cerca y ciertamente es muy cuidadoso con la misma. Dios hace gala de algo tremendamente hermoso hacia nosotros y es el amor.

El amor de Dios es incondicional. Nos mostrará la mejor forma de vivir nuestra vida y esperará que hagamos caso a su voluntad para no ofender su santidad constantemente con nuestras mediocres acciones humanas; vengará las afrentas que nuestros enemigos nos hagan; nos protegerá del mal; proveerá de todo aquello que necesitemos para vivir dignamente; inclusive cumplirá los deseos de nuestro corazón; nos salvará de la muerte eterna; sanará nuestros cuerpos enfermos como si de un amoroso médico se tratara; nos abrazará en los días de pena y jámás nos abandonará a nuestra suerte. Todo esto y más es realizado por Dios para mostrarnos su amor. La Biblia dice que Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo inclusive pecadores, Él nos muestra el camino de vida a través de la muerte de Jesús para justificarnos. Entenderemos entonces que si Dios está en esta dinámica a favor nuestro, entonces es ilógico que esté a favor de que suframos sin propósito. Uno de los sitios donde se muestra mejor esta idea es:

1 Pedro 1:3 (NTV)

Que toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es por su gran misericordia que hemos nacido de nuevo, porque Dios levantó a Jesucristo de los muertos. Ahora vivimos con gran expectación y tenemos una herencia que no tiene precio, una herencia que está reservada en el cielo para ustedes, pura y sin mancha, que no puede cambiar ni deteriorarse. Por la fe que tienen, Dios los protege con su poder hasta que reciban esta salvación, la cual está lista para ser revelada en el día final, a fin de que todos la vean.
Así que alégrense de verdad. Les espera una alegría inmensa, aun cuando tengan que soportar muchas pruebas por un tiempo breve. Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo.
Ustedes aman a Jesucristo a pesar de que nunca lo han visto. Aunque ahora no lo ven, confían en él y se gozan con una alegría gloriosa e indescriptible. La recompensa por confiar en él será la salvación de sus almas.
 
En Cristo somos más que victoriosos dice otra parte de la Biblia. Esto nos invita a pensar en que no tendremos sufrimiento alguno, pero nada más apartado de la verdad. Lo que se dice es que seremos más que victoriosos, esto es que a pesar del sufrimiento tendremos la victoria sobre nuestros problemas. 
 
El mismo Señor Jesús dijo que él vino a darnos vida y vida en abundancia. Esto habla de una plenitud emocional, física, espiritual y social, su amor se manifiesta en nosotros para que seamos herederos de los privilegios de los hijos de Dios, pero es necesario aún que seamos formados en este menester, de ahí un poco de sufirimiento. Vale aclarar que nuestro sufrimiento no es permanente ni mucho menos, se trata más bien de la parte del proceso de capacitación para vivir una vida plena. Como un niño que toca la flama ardiendo de un cerillo, hay dolor y llanto, pero se parende una lección muy valiosa para la vida. 
 
Antes de pretender vivir una vida llena de gozo y alegrías, es necesario que entendamos que tenemos que ser capacitados para vivir abundantemente en la riqueza que proviene de Dios. Este aprendizaje a menudo duele, pero siempre está controlado por el amor de Dios por usted y por mí.
 
Confíe: la alegría y la plenitud de vida llega siempre a quien espera en Dios.

 

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