60. ¿Es pecado bailar, fumar y beber alcohol?

Muchas, pero muchas personas en el mundo suelen considerar que ser cristiano, convertirse al evangelio, convertirse en aleluya, aceptar a Cristo, volverse protestante, o ser hermano separado (como suelen llamarnos en la Iglesia Católica Romana), es un tremendo sacrificio en cuanto a los placeres de la vida. 

Se piensa que en nuestra iglesia cristiana, protestante o evangélica prohibimos a nuestros discípulos o participantes toda clase de cosas buenas que la vida tiene. Esto es verdad, pero a medias. Quisiera aclarar algunas cosas aquí, que nos pondrán en la perspectiva bíblica acerca de los placeres de la existencia. Aclaro: esto podría ser doloroso para algunos y escandaloso para otros. 

Hace años la iglesia cristiana inició con una serie de reglas no escritas y otras tantas escritas acerca de lo lineamientos que debe poseer una vida entregada a Cristo. Se prohibieron infinidad de acciones, actividades, incluso alimentos, en aras de evitar vicios y malos testimonios al respecto de la vida cristiana. Hubo un tiempo en que estaba terminantemente prohibido bailar, tomar un vaso de vino, comer tamalitos el día de la Candelaria (tradición idólatra mexicana en la que se reparte entre la gente un convite con base en tamales que es una comida muy nuestra), o inclusive ir al cine. Los adultos de estas diversas épocas eran rígidos al respecto y sostenían en sus juicios las desagradables consecuencias de portarse mal al respecto de estas indicaciones. Pero todo por su peso cae. Algunas prohibiciones como estas, las más irracionales cayeron primero. La visita al cine dejó de ser mal vista y poco a poco se convirtió inclusive en el único entretenimiento sano que tienen nuestros jóvenes hoy en día. Cayó también la idea satánica de vestirse con un disfraz para ir a una fiesta, el hecho mismo de ir a la fiesta dejó de ser satanizado. En fin, no me quiero entreter en los hechos históricos, deseo que vayamos a la Bilblia.

Pablo, se refiere a las acciones de la vida como una cuestión de conciencia. La cosa es entender cuál es nuestro entender desde la conciencia. Leamos:

1 Corintios 10:23 (RVR60)

Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.

La conveniencia es importante, algo que edifica es aquello que ayuda a crecer y a acercarse a Dios. ¿Hay goce en beber vino? Lo hay. ¿Acerca esto a Dios? ¿Nos edifica espiritualmente y nos hace piadosos y espirituales? Lo más seguro es que no. ¿De estas dos cual conviene más? Ahí entra la conciencia a través del consejo del Espíritu Santo. Nada de lo creado por Dios parece estar prohibido ante él. Pero si en conciencia, usted considera pecado beber alcohol y porque leyó este artículo ahora decide ponerse una borrachera, tenga usted mucho cuidado. Su conciencia ha de estar perfecta y honestamente limpia al respecto. De no ser así, si usted se lleva un vaso de vino a la boca aún con un dejo de duda sobre su limpieza espiritual usted estará pecando delante de Dios. Esto es así, no lo digo yo, sino el Señor. 

Tenga cuidado ahora. Los pecados mencionados con evidente claridad y hasta obviedad en la Escritura son pecado y punto. Esos pecados no dependen de mi conciencia ni mucho menos. Así, fornicar o robarme el diezmo no depende de mi circunstancia ni de mi convencimiento de que no ofenden a Dos. Estos pecados mencionados en la Biblia ofenden a Dios y ya. Cuando el Señor nos enseña, como sus hijos, a utilizar al Espíritu Santo que habita en nosotros para discernir con sabiduría sobre acciones cotidianas como bailar ir al cine, tomar una copa o hacer el amor con nuestra esposa de tal o cual forma, está dejándonos libertad en aquello que Él hizo y que es para nuestro disfrute, no aquello que Él no hizo para nuestro regocijo, esto es, el pecado.

Por último, le advierto que para Dios es más importante el amor que usted manifieste por sus hermanos y hermanas que su obsesión por vivir en las libertades con tal de gozar su vida. Este pasaje es calrísimo y contundente. Le ruego leer todo este capítulo.

1 Corintios 8 (RVR60)

Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió. De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis.  Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.

Otra cosa son los vicios, pero permítame tocar ese tema con profundidad AQUÍ.

 

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