65. ¿Cristo es para los jóvenes?

Excelente pregunta. Durante todo el siglo pasado estuvimos inmersos en la revolución que causó dentro de las iglesias cristianas, un movimiento juvenil que muy pronto se convirtió en un ministerio. El Esfuerzo Cristiano, que así se llamó a esta atractiva aglomeración de jóvenes estudiantes, vivió por mucho tiempo a la voz de batalla: "Por Cristo y por su iglesia" y se convirtió poco a poco en luz para muchos más jóvenes que aún no conocían de Jesús como redentor. Hoy en día, muchos movimientos juveniles han iniciado con menor o mayor fuerza a lo largo de los países latinoamericanos, pero ¿son realmente de Cristo?

Nadie tiene por secreto que las iglesias cristianas adolescen de unidad en sus asistentes. Normalmente se trata de un boquete generacional que atora la transición pacífica de un tiempo a otro, de una era a otra. Por una parte están los que desde niños se han congregado en tal o cual iglesia, al crecer se convierten en padres de una generación que se comporta con rebeldía ante lo establecido y que busca "modernizar" a la iglesia. Entonces viene la batalla. Se trata de una batalla interna. Se trata de una guerra de incomodidades y puntos de vista, de una dinámica que aleja de la unidad espiritual y que, sobretodo, se convierte en la manera de dar una lección a la generación opuesta. Esto dista muchísimo de lo que Cristo desea para su iglesia. Pero esto no es nuevo.

Hoy peleamos por la liturgia. ¿Se tendrá que usar batería, saxofón o guitarra para alabar a Dios? Y en la respuesta tenemos la definición de una generación clásica o vetarra, o bien de la que es moderna o chiqueada. Hace varios cientos de años, el apóstol Pablo ya se enfrentaba a cuestiones derivadas de la brecha generacional. Recomienda a Timoteo:

1 Timoteo 4:12 (RVC)

Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

Timoteo, un hombre joven tenía a su cargo una congregación. Pablo, sabiendo de las diferencias de edades, afianza la confianza de Timoteo a través de este texto. Es fácil decirlo, pero el contenido es profundo. Los jóvenes, sobre todo en un liderazgo, han de ser ejemplo y no ejemplo de cualquier cosa sino en palabra, coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace; conducta, madurez en la toma de decisiones y su reflejo en las acciones; amor, empatía con todos los demás; espíritu, fortaleza espiritual, excelencia en la formación del carácter cristiano; fe, confianza absoluta y dependencia de Dios; y pureza, santidad. Dado esto no hay nada que criticar de un joven o una joven asistente a la iglesia. Éste quizá sea el secreto para saber si Cristo es para la juventud: un joven o una joven que busca con toda su alma al Señor no será rechazada.

Una juventud entregada a Dios no tiene reproche alguno. Los adultos tendremos que detener nuestros arranques de vejez y respetar a quien ha sido tocado por el Espíritu Santo y santificado por Él.

En cuanto a los jóvenes, no olviden respetar a sus generaciones pasadas. Quizá nos vean chocheando pero merecemos el respeto que nos dan la sabiduría recibida del Espíritu Santo. Sólo se trata de que nos gusta ver las cosas como las teníamos hace años, de nada más. No se trata de asuntos personales o la falta de estímulo para la juventud, se trata más bien de nostalgia. Consideren nuestros años porque dice la Escritura que hay enorme bendición en llegar a edad avanzada, siempre y cuando se recorra el camino de la luz.

Proverbios 16:31 (RVC)

La vejez es la corona de una vida honrada, y se la halla en el camino de la justicia.

Cuando los jóvenes saben respetar a sus mayores, sobre todo si se trata de sus padres, hallan enormes bendiciones para su propia vida. Cuando los viejos saben adaptarse a los nuevos días, sobre todo si se trata de sus hijos, hallan empatía y buena voluntad por parte de los jóvenes. Cuando ambas generaciones aprenden a ponerse de acuerdo y aprovechar sus fortalezas las iglesia es imbatible porque cumple con la voluntad de Dios. Los viejos son de Cristo, los jóvenes también. Jesús es Señor de todos nosotros.

TODO TIENE SU TIEMPO.

 

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