68. ¿El trabajo es un castigo?

Aunque a veces lo parece, el trabajo no puede ser considerado un castigo. Esta idea surge de la lectura del Génesis cuando el Señor, después de descubrir el pecado del ser humano, distribuye las consecuencias de tales desafortunadas decisiones. Pero realmente el trabajo es algo que ya teníamos incluso antes del pecado. Si acaso podemos decir que nuestro trabajo era ligero y por consecuencia de la soberbia que llevó a la desobediencia a la voluntad de Dios, el trabajo ahora es pesado.

El ser humano fue creado con un propósito de utilidad. Teníamos una labor qué cumplir en consecuencia de tal propósito. En pocas palabrar había un trabajo qué hacer. Sólo que el tipo de trabajo encomendado era placentero y edificante para el ser humano, incluso en su debida medida, el trabajo estaba vinculado con la identidad misma del hombre y la mujer. El Señor había planeado la creación para que se sometiera ante el ser humano. Nuestro género tendría que asumir su rol de SEÑOR de lo creado, únicamente sería superado por el mismo Dios. El libro del comienzo, el Génesis, en sus tres primeros capítulos narra con claridad la labor deliciosa del hombre para cumplir su propósito en la existencia. Dios incia el plan de la creación del ser humano a través de estas bellas palabras:

Génesis 1:26 (RVR60)

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

En poco tiempo el hombre y la mujer tendrían que tomar su papel de señores. Incluso las instrucciones eran específicas y claras. Habría que poner atención a lo que decía nuestro Hacedor y cumplirlo.

Génesis 1:27 (RVR60)

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.  Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.

Lo ideal hubiera sido que cumpliéramos a cabalidad con el trabajo encomendado de ser señores de la creación de la mano, agradecidos, con nuestro propio Creador que nos daba lo que necesitábamos para vivir y esta labor especial y comodísima, sin traicionarle o descepcionarle, pero no fue así. Nos olvidamos de nuestro trabajo y empezamos a perder el piso.

Génesis 2:16 (RVR60)

Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

 Note usted que esta es la única instrucción restrictiva que se tenía. Lo único que está prohibido es esto. Lo único. Solamente. Una cosa. No, no se cumplió.

Génesis 3:6 (RVR60)

Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

 Como consecuencia de esta desobediencia generada por un estado de soberbia, codicia e ignorancia a la autoridad, Dios pone orden en ese lugar y declara lo siguiente como una maldición derivada. Estas palabras fueron dichas de manera particular al hombre; la mujer y la serpiente ya habían recibido las suyas.

Génesis 3:17 (RVR60)

Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.

 Ahora el trabajo cambiaba de calidad. De ser un trabajo de alto nivel, placentero, comodísimo y que empoderaba al ser humano, ahora sería un trabajo doloroso, lleno de esfuerzo y que qitaba todo poder al ser humano, lo hacía esclavo de su propia supervivencia y lo acompañaba hasta su muerte. ¡Uf!

Pues el trabajo termina viéndose como un castigo pero realmente no lo es. Lo teníamos al principio pero en una calidad conveniente. Ya no. El trabajo hoy es pesado, estresante y lleno de inconvenientes. Así ha sido y así seguirá siendo por la boca de Dios como consecuencia del pecado del ser humano.

 

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