76. ¿La muerte es santa?

Cruces-0774

Establezcamos una relación entre el Santo de Israel o sea Dios, o sea Cristo, digno de adoración y la muerte. Primero que nada me encantaría aclarar que Cristo es persona y la muerte no. Ya discutimos este tema en lo relacionado con la persona de Dios. Luego que hacer esta aclaración, hemos de entender que no hay nada qué comparar entre una persona: Cristo y un evento: la muerte. Hoy en día se practican rituales alrededor de algo que han llamado la santa muerte, se le trata como uno de los santos instituidos por la vocación idólatra de la Iglesia Católica Apostólica y Romana (IC), pero ciertamente no se han de revolver.

La misma IC tiene dificultades para detener esta adoración depravada para un evento de la vida; no hay justificación alguna para solapar un acto indigno de adoración a un ídolo irreal, que no es persona, que no le puede justificar como un santo  y menos aún como una deidad. Pero, ¿quién está detrás de todo este montaje espiritual? Satán, sin duda.

La necesidad espiritual del ser humano deriva sin duda de la revelación general (natural, cosmológica), de Dios como creador. Entendámonos: Dios se ha revelado al ser humano a través de la creación misma. Dice la Escritura:

Salmos 19:1 (RVR60)

1Los cielos cuentan la gloria de Dios,

Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

2Un día emite palabra a otro día,

Y una noche a otra noche declara sabiduría.

3No hay lenguaje, ni palabras,

Ni es oída su voz.

4Por toda la tierra salió su voz,

Y hasta el extremo del mundo sus palabras.

 

Pero esta revelación debe estar complementada por una Revelación Especial hecha a través de la Biblia y del testimonio de Cristo. Se trata entonces en palabras llanas: Todos intuimos que hay un Dios debido a que vemos lo creado (revelación general), pero no sabemos quién es hasta que lo podemos leer en la Escritura y en la presencia de Cristo (revelación especial). Ambos conceptos son complementarios y son necesarios para entender la revelación de Dios. Así, si nada más tenemos la revelación general podríamos con facilidad colocar dotes de deidad a cualquier persona que nos impresione o bien a cualquier cosa que nos sea incomprensible. La muerte misma, siendo un evento de la vida ha sido elevada a deidad por algunos, que sin duda alguna viven en el error. 

 

Cristo se revela como el Hijo de Dios, Dios mismo que se hace hombre en una humillación tremenda para dar el pago por nuestro pecado y finalmente derrotar a la muerte en una resurrección gloriosa. Ni siquiera la muerte puede retenerle. No hay nada contra el poder de Cristo. La muerte misma, siendo un simple evento de la vida fue superado por la voluntad magnífica de Dios en su Hijo Amado.

 

La muerte existe. Es un evento de la vida, no es una persona y menos aún tiene dotes de dios. Cristo mismo paso por la muerte para mostrar su poder con una resurreción asombrosa. Por lo tanto, amigo o amiga, no hay manera siquiera de poner en una balanza el poder natural de la muerte con el poder sobrenatural del Hijo de Dios, Jesucristo.

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