77. ¿Cristo o Santa Claus?

Hace muchos años en la ciudad de Villahermosa en Tabasco, México, un pequeño de unos seis años soñaba con recibir un buen juguete en la época decembrina que todos esperamos con emoción y que se da por llamar Navidad. La consabida cartita había sido puesta junto al árbol navideño para instruir con eficacia acerca del regalo deseado. Llego el día de máxima exitación y… nada.

Los padres de este pequeño eran cristianos. Al parecer había un conflicto en algún sentido entre la religión que se profesaba en casa y el impactante momento de abrir un juguete flamante oloroso a nuevo. Al poco tiempo llegó una explicación no solicitada:

1. La navidad era el cumpleaños de Cristo. Navidad proviene de natividad que tiene que ver con el nacimiento de alguien. La importancia de la fiesta que se hacía en el mundo entero tenía que ver con la importancia del cumpleañero. Jesús, que era el nombre de aquel ser que había nacido en un humilde establo en Belén en Israel, del otro lado del mundo, al parecer era sumamente importante para mucha mucha gente en el mundo. Jesús tendría una vida llena de milagros y señales de que Él era el Hijo de Dios. Jesús también tendría una muerte muy difícil, pero sobre todo, Jesús también sería el único en resucitar, es decir volver a vivir después de morir. Jesús, siendo el Hijo de Dios habría hecho esto de vivir como ser humano, morir como ser humano y luego resucitar como Dios para que nosotros pudiéramos estar cerca de Dios nuevamente. esa era su importancia, su reelevancia era eterna. Se escogió una fecha para celebrar su nacimiento y entonces ¡nació la Navidad! 

2. Los regalos son espirituales. Luego de recibir la explicación sobre Jesús, el padre y la madre de aquel pequeño dijeron: el mejor regalo que podemos recibir en navidad es el niño mismo. Jesús es el regalo perfecto para la humanidad. Jesús es el regalo más importante que la humanidad puedía recibir jamás, ya que se trataba de la mismísima visita de Dios a nuestro terreno humano y corrupto. Nuestro Creador se mostraba interesado en nosotros y nos daba el único camino posible para regresar a Él, luego del fiasco del pecado humano. Con Jesúcristo la humanidad recibió amor, esperanza, la capacidad de creer, poder espiritual, armonía, sabiduría, trascendencia, vida eterna, luz, paz. Todos son regalos espirituales únicos y valiosísimos. 

3. Santa Clos o Santa Claus no se puede comparar con Cristo. A pesar de que la historia y la tradición hablar de un varón interesado en los demás y lleno de ganas de auxiliar sobretodo a los más necesitados, no hay forma de compararle con el mismísimo Hijo de Dios que dio su vida por nosotros sin deber nada. Es un bello ejemplo de ser humano, pero no podemos siquiera pensar que la Navidad se trate de él. De hecho poco a poco la misma bella historia del Santa Claus se ha ido convirtiendo más en un fenómeno de ventas de productos (refrescos en particular), que en otra cosa.

4. Es bello recibir regalos, pero es más bello darlos. La madre buscó en la Escritura, el libro que siempre había estado en el seno familiar, y encontró un texto en Mateo 25:31 que dice:

31Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 34Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 41Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. 46E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

Y entonces aquel pequeño comprendió que habría que cambiar las cosas en su concepto de Navidad, valdría la pena salir y buscar a quien darle algo o ayudar de alguna forma, porque estaríamos haciéndolo para Cristo mismo quien es el Rey de la Navidad y de nuestra vida. Eran bonitos los obsequios pero era más importante ayudar a la gente que lo necesitaba.

5. Recibirás regalos pero por la razón correcta. Los padres de aquel chaval, le hicieron obsequios, juguetes, ropa, y muchos besos y abrazos, pero le aclararon que estaba recibiéndolos porque como sus padres le amaban con profundo amor, pero no porque fuera una tradición o porque Santo Clos los hubiera traido del más allá. Era importante que el muchacho entendiera que el amor de Dios por el ser humano es lo más relevante de la Navidad y que no se trata de regalar por regalar sino de regalar por amor a Cristo quien nos amó primero.

 

Otros artículos