79. ¿La mujer debe someterse al hombre? Segunda Parte

Decíamos que apenas vienen las buenas noticias con respecto a este tema. Millones de mujeres y varones en el mundo que no conocen a Dios están metidos en esta dinámica irremediable como consecuencia de la naturaleza pecaminosa del hombre en contra de su Creador. Pero esto tiene un remedio complejísimo y a la vez simple.

El propósito de Dios para el ser humano había cambiado, el hombre estaba muy lejos, debido a su sentencia, de ser la creación especial y victoriosa que Dios preparó para él; la mujer estaba ahora sometida, escalvizada y llena de rencor y temor, nada ni siquiera cercano a lo que Dios había diseñado para ella con todo su amor. Esto es inaceptable para Dios. La causa era el pecado y la palabra empeñada por Dios al principio cuando dijo en Génesis 2:

16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Si bien "morirás" implica que se pierda la vida, implica mucho más. Implica que Dios que es vida estará fuera de tu existencia, implica que tu alma estará separada de su Creador para siempre, implica que no habrá vida para ti.

No solo comió del fruto aquel hombre. También hizo pecaminosa a su descendencia, había perdido su santidad para todas las generaciones. Pero:

1. Dios amaba al ser humano con profundo amor de Padre.

2. Nadie podría reconciliar a Dios con el ser humano excepto Dios mismo.

3. La palabra acerca de las consecuencias del pacado tendrían que mantenerse porque Dios mantiene su palabra SIEMPRE.

4. Si la paga del pecado era la muerte, entonces alguién tendría que morir.

5. Dios nunca Dijo quién tendría que morir por el pecado de cada quien. Esto dió origen a que al principio se mataran animales como expiación de los pecados humanos.

6. Dios no se agradó de estos sacrificios expiatorios porque el ser humano abusó de ellos.

7. Dios ideó un plan permanente. Una sola muerte de alguien que no hubiese pecado para que su muerte no fuera por sus propios pecados.

8. No había nadie que no hubiese pecado. Sólo Dios no ha pecado jamás.

10. Dios se ofreció a sí mismo para morir por el pecado de los que se arrepintieran. Lo hizo en la persona de Cristo que siendo Dios, se humilló para ser mortal, poder morir y pagar por el pecado de los arrepentidos y resucitar para recuperar su estatus de Dios inmortal.

Al morir, Cristo no sólo justificó nuestro pecado delante de Dios sino que también restauró el propósito de la creación del ser humano. Dios, habiéndonos justificado frente a sí mismo, nos coloca otra vez en el sitio perfecto, nos coloca en la búsqueda de la santificación, es decir que vivamos siendo apartados para Él y su gloria magnífica y que, siendo adoptados por medio de Cristo, vivamos como Hijos de Dios. La creación misma espera ansiosa la manifestación de los Hijos de Dios. Esto lo dice Romanos 8:

14 Porque los hijos de Dios son todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios.
15 Pues ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice nuevamente al miedo, sino que han recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
17 Y si somos hijos, somos también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
19 Porque la creación aguarda con gran impaciencia la manifestación de los hijos de Dios.
20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino porque así lo dispuso Dios, pero todavía tiene esperanza,
21 pues también la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, para así alcanzar la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
 
Esto aplica de forma interesantísima para la mujer en relación con el varón. Siendo justificadas, las damas tienen una relación nueva con sus esposos, están en un vínculo fortísimo, lleno de vida, de bondad, de gracia, de delicadeza y de amor profundo. Es la relación idéntica a lo que Cristo tiene con la Iglesia que en la figura, se comporta como la esposa. Cristo dió la vida misma por ella, y la Iglesia es su ayuda idónea. El la ama con profundidad, ella lo respeta con veneración. Él la cuida con delicadeza como a vaso frágil, ella se funde con Él en una entrega espontánea y viva. Él es su cabeza, ella es su vida. Él es su amoroso guía, ella es su respetuosa impulsora. Él está con ella, ella está con él. Ellos son uno mismo, ellos son el mismo cuerpo, ellos tienen la misma mente, ellos se entienden, ellos son victorios, ellos viven juntos la vida.
 
¿Qué le parece? Hay una enorme diferencia entre ejercer una autoridad a la manera del hombre, bajo una sentencia irrevocable que funciona como consecuencia del pecado y ejercer una autoridad a la manera de Cristo, Dios mismo, haciendo uso de su victoria sobre el pecado, en armonía amor, y buena voluntad. 
 
Damas, hay autoridad en el varón, dispuesta así por el Señor, pero debe tener una calidad extraordinaria como la calidad de la autoridad de Cristo sobre la iglesia. Y la mujer puede colocarse gustosa bajo ella sabiendo que está a salvo y que tiene todas las posibilidades de crecer en la plenitud compartida de los hijos e hijas de Dios. En amor y entrega profunda. Pero esto requiere de Cristo en nuestra vida.
 
Varones, lean este artículo les servirá de mucho para regenerar su relación con las damas. 😀
 

1 Pedro 3:7

7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

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