90. ¿Se pierde la salvación?

Uno de los temas más controversiales de la fe cristiana tiene que ver con la salvación y su vigencia. Los pastores de las iglesias cristianas, de acuerdo con sus respectivas formaciones, suelen enseñar a la iglesia cualquiera de los dos caminos siguientes: 

1. La salvación es un tesoro que una vez que se recibe debe cuidarse con obediencia, buen testimonio, compromiso y la constucción de la santidad, de manera que no se pierda; y

2. La salvación es un tesoro que jamás se pierde, hagamos lo que hagamos en nuestra vida. ¿Qué le han enseñado en su congregación?

Fuera de lo que usted haya aprendido, le suplico que ponga atención, con un corazón dispuesto, a lo que la Escritura como nuestra norma de fe y acción dice al respecto de esto. 

El temor a perder nuestro precioso regalo es inadmisible. Ha de saber usted que la salvación es el más valioso don que Dios ha puesto a nuestra disposición. Es el resultado de su amor eterno por nosotros. Dice la Escritura,

  • Jeremías 31:3 (RVR1960)

    Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.

 Y sí hermano y hermana, lo maravilloso es que se refiere a usted y a mí. El Señor desde el principio del tiempo nos ha conocido y nos ha amado con un amor increible, al grado tal que fue capaz de dar a su único Hijo Jesucristo en sacrificio por nuestra maldad. La muerte del Señor Jesús en un madero, es más que la acción de un mártir, se trata de la acción amorosa de un hermano mayor que se entrega por sus amados hermanos pequeños. Este sacrificio permite que la paga por el pecado que es la muerte, fuera realizado en la persona inocente de Cristo, así nuestra deuda habría sido saldada y por ende podremos ahora disfrutar de una vida eterna en la compañía de Dios cuando muramos, pero en vida también disfrutaremos de ser llamados hijos de Dios, del uso de Su poder, de la paz de la reconciliación con nuestro Creador y del gozo de nuestra salvación. La alegría que nos da nuestra salvación, sobre todo cuando nos agovia el pecado es un tesoro en sí misma y duele perderla… la alegría, no la salvación.

10Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,

Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

11No me eches de delante de ti,

Y no quites de mí tu santo Espíritu.

12Vuélveme el gozo de tu salvación,

Y espíritu noble me sustente.

La salvación es un don de Dios, es un regalo, es un obsequio, nos llega por gracia, gratuitamente, sin acción alguna para merecerla. No tenemos ningún tipo de influencia en la decisión de slavarnos o no. Es una decisión absolutamente divina. No hay nada que influya en ella. Por ejemplo: no influye nuestra galanura, o nuestra nacionalidad, no influyen nuestras acciones o nuestros deseos, no influyen nuestras fuerzas, ni nuestra voluntad, ni nuestra fe.

  • Efesios 2:8 (RVR1960)

    Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

Ya veo que abre muy grande sus ojos, permita que me explique. La fe que nos es dada para salvación es eso: dada por Dios para que podamos creer, Dios es su origen, él la otorga, si no lo hiciera no tendríamos fe para desarrollar nuestra vida de victoria. Cuando el ser humano que ha sido predestidano (de acuerdo a lo que dice la Biblia), elegido por Dios desde el principio, antes de la fundación del mundo, está siendo restaurado por el poder infinito de Dios y de acuerdo a su voluntad inamovible, recibe fe. Y entonces puede abrir los ojos, es entonces cuando puede creer, es entonces cuando pierde la vela que le tapaba la visión. Entonces, se da cuenta, entonces puede ver su salvación posible, deja de considerar que las cosas de Dios sean locura, y empieza el arrepentimiento, sabiendo ya que hay quien le redime sus pecados y quien los perdona.

Hasta este punto el ser humano nada tiene que ver con la salvación. Nada. 

Ahora empieza el camino de la santificación. Apartarse para Dios es una buena idea cuando hemos sido salvos por Él. No tenemos manera de hacerlo solos, nuestro entorno pecaminoso nos devoraría en un santiamén. Esto es contundente, así, el Señor Jesús ofreció la llegada de otro Consolador, alquien que quedaría con nosotros cuando él tuviese que volver al Padre. Este ser de consuelo, guía, poder y sustento es Dios mismo en la persona del Espíritu Santo. Para entender un poco más acerca de la TRINIDAD dé click a este link.

Así, Dios mismo está en el control de nuestra santificación. El camino está allanado por el Espíritu Santo mismo. Dice la Biblia, que el Espíritu Santo nos habita para acompañarnos, consolarnos, bautizarnos, guiarnos, establecernos, exhortarnos, redargüirnos, santificarnos (apartarnos para Dios).

  • S.Juan 17:19 (RVR1960)

    Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

  • Hebreos 2:11 (RVR1960)

    Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

Concluida nuestra vida física, el cuerpo muere, regresa al polvo de donde fue formado, pero el espíritu vuelve al Padre que lo dió. Entra aquí un gran factor basado en la soberanía de Dios y en su inquietante voluntad infalible, es una voluntad que no acepta un NO por respuesta, se hará lo que que el Señor ha dicho o desea. Esto no tiene argumentación alguna en contra, su voluntad no se cuestiona, se ejecuta debido a su SOBERANÍA. El Señor ha dicho que nos recibirá en su seno para disfrutar de su presencia para siempre y esto es porque nos ha salvado por que sí, por su amor, por su gracia, no por mérito nuestro de ninguna especie. Entonces esto se ha de cumplir sin miramientos. 

  • S. Lucas 3:17 (RVR1960)

    Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

  • S.Juan 10:27-29 (RVR1960) 27Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Como verá usted, nuestro Dios está a cargo de nuestra salvación desde antes de la fundación del mundo. Está presente y al cuidado de cada parte del proceso de rescate, y finalmente nos recibe de acuerdo a lo que ha dicho. Así, hermano o hermana, le ruego, confié en el Señor, su salvación es real, eterna, eficaz y NO DEPENDE DE USTED en nada. No hay forma de que usted pierda algo que no está a su cuidado. Ahora, su relación con Dios, esa es otra cosa, cuídela bien porque esto agrada a Dios quien es su redentor. Amén.

 

 

 


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