81. ¿Cómo se siembra en lo espiritual?

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La Escritura tiene una suerte de peculiaridad en cuanto a los temas agrarios. Habla de cultivo, de frutos, de crecimiento (en el sentido de las plantas), de raíces, de cosecha, de siembra. Esta figura tan utilizada tiene, además de su franqueza y depurada sencillez, una carga de verdad insuperable y ejemplar. 

Cada siclo de tiempo en nuestra vida debería estar ilustrado por el proceso agrario. A cada momento deberíamos estar sembrando a la espera de cosechar ricos y abundantes frutos sobre casi cualquier cosa. Ahora bien, refiriéndonos a las cosas espirituales, tenemos mucho que decir, pero a la vez se trata de cosas que están en nuestra mente constantemente como una preocupación inatendida. Primero vayamos a la Biblia. Dentro de los muchos ejemplos dados por la Escritura acerca de la siembra y la cosecha encontramos:

Gálatas 6:7-10

7No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra. 8El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna. 9No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. 10Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.

Fíjese bien que la Biblia hace una separación en la siembra entre lo que es espiritual y lo que es carnal o que agrada a la naturaleza pecaminosa del ser humano, esto indica que tenemos un par de opciones en el tipo de semilla que sembramos: la espiritual y la carnal. Ambas semillas darán sus frutos, el de la primera es la vida eterna en comunión con nuestro creador y el de la segunda es destrucción. 

El escritor afirma que cosecharemos a su debido tiempo los frutos del bien. Hacer el bien significa seguir lo lineamientos de lo espiritual para beneficio propio y de los demás. De esto se agrada Dios, de que estemos al pendiente de nuestros semejantes, que demos con generosidad, que atendamos al enfermo, que procuremos cosas buenas incluso para nuestros enemigos, que visitemos al que está en prisión, que hagamos lo más que podamos por las viudas y los pobres. La Biblia incluso afirma que esto es el verdadero evangelio.

Hacer el bien constantemente. Esa es la última indicación. Dice Pablo, el autor de la carta, que lo hagamos SIEMPRE que tengamos oportunidad. El inicio de los siclos de nuestra vida es una oportunidad inmejorable para sembrar semillas espirituales, llenas de frutos ricos y deliciosos en nuestra relación con Dios y nuestros semejantes. 

¡Siembre hoy, varias veces!