87. ¿Jesús está en la Santa Cena?

Santa Cena sign

Esta pregunta se contesta dependiendo de lo que se prentenda preguntar. De hecho hay al menos dos maneras de interpretar esta pregunta, una espiritual y la otra más física. La Iglesia Católica Apostólica Romana (IC), promueve el concepto de la transustanciación, esto es que realmente al participar de la Santa Comunión, Santa Cena, Cena del Señor o simplemente Eucaristía (Acción de Gracias), y a través de la consagración de los elementos que son el pan y el vino, en su caso llamados comúnmente ostia y vino, se re-presenta (se vuelve apresentar), el sacrificio de Jesús en pro de nuestra salvación. Pero, ¿esto es así?

Lo que la Escritura dice tiene que ver con una verdad única e irremplazable:

Jesús, el Hijo de Dios, se sacrificó para que, con la tortura a su cuerpo los nuestros fueran sanados y con el derramamiento de su sangre, el derramamiento de la nuestra no fuera necesaria. Esto propicia el perdón de nuestros pecados y el reestablecimiento de una relación entre nosotros y Dios, rota al principio de la humanidad. Este es una nueva oportunidad para la humanidad, es un nuevo pacto entre el ser humano y Dios.

Este nuevo pacto fue firmado con sangre. En el Antiguo Testamento, Dios ya dejaba claro que era necesario el derramamiento de sangre para el perdón de los pecados, había animales expiatorios que eran sacrificados para la limpieza del pecado humano.

Hebreos 9:19-22 (RVR60)

19 Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, 20 diciendo: Ésta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. 21 Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. 22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.

En el nuevo pacto entonces los términos aún aplicaban pero el vicario, el ser que sería sacrificado, sería más que suficiente "para que todo a quel que en el cree no se pierda más tenga vida eterna", como se menciona con claridad en Juan 3:16.

Nunca más habría necesidad de repetir sacrificio alguno, el pacto era mucho más poderoso que el anterior, era pleno, definitivo. Jesús, el Cristo, el Ungido de Dios, estaba listo, su carne era necesaria para este sacrificio final, su sangre sería entregada, era un trabajo para Dios y Dios lo estaba haciendo con plenitud de poderes, de facultades y de gracia. 

Hebreos 9:11-14 (RVR60)

11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. 13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne,14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? 

Sacrificio único. Final. Definitivo. 

Sin necesidad alguna de re-presentar este sacrifico en cada misa o culto, sin que haya necesidad nunca más de hacer un sacrificio delante de nuestro Dios, en la suficiencia de la muerte del Vicario Último, no existe la transustanciación, el Señor Jesús no está en el pan ni en el vino. No se repite el sacrificio del Señor en presencia de la iglesia a la hora de cada misa o culto. Lo que sí existe es lo instituido por el mismo Señor Jesús, y que se narra a través de la pluma de Pablo.

1 Corintios 11:23-26 (RVR60)

23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. 25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. 26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

Este anuncio de la muerte del Señor, este evangelio que sin duda es información para salvación de almas, es lo que realmente representa este sacramento. Dos sacramentos tenemos: el Bautismo y la Santa Cena. La Santa Comunión es este sacramento que incluye un acto bellísimo en el que nos preparamos en la presencia del Señor y juntos recordamos, anunciamos, y damos testimonio de la muerte de Cristo para la remisión de pecados. En este caso el Señor Jesús sí está presente en su espíritu, no sacrificándose de nuevo, sino gozándose con la iglesia en este evangelio, que es tan buena noticia para los que han de creer. Es un tema tan reelevante, tan serio, tan poderoso, tan importante para la doctrina cristiana que el apóstol Pablo solicita que hagamos esto:

1 Corintios 11:23-26 (RVR60)

27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. 31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32 mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

Autoexamen. Es importante destacar que de los dos sacramentos que tenemos este es el único en que se nos recomienda autoexamen para participar de él sin ser culpados, en un uso indigno, de la sangre y el cuerpo del Señor. Por eso es que es posible bautizar a los niños sin esperar a que tengan uso de razón puesto que el bautismo no tiene que ver con profesar la fe del individuo (sino de los padres), y la Santa Cena sí. 

Oremos pues para que nuestra participación en la Eucaristía o Cena del Señor, sea la adecuada y podamos disfrutarla en la presencia misma de nuestro Señor y Salvador Jesús.